Crítica de Alfonso García Leal

Ha sido una gran alegría para mí la publicación de este libro de relatos que Víctor Celemín ha ofrecido a sus lectores. También una sorpresa, que comienza ya con el propio título de la obra, pues en realidad es mucho más de lo que aparenta ser: no uno, sino cinco relatos breves, de los que el primero da título a toda la obra:

El expediente Altamirano

La pasante

El extraño caso de don Rufo

El retrato del decano

El dedo de Felipe

 

Todos ellos tienen como punto en común el retrato y relato del mundo del derecho y la abogacía, al que pertenece el autor, pero lo cierto es que el hilo conductor es autobiográfico y los relatos son breves estampas de la peripecia vital del autor, desde sus tiempos como estudiante en la Universidad de Oviedo.

Son relatos de estilo cinematográfico, breves historias donde se alojan personajes que parecen imaginarios… o no tanto. Recuerdan a la vieja novela latina, con sus digresiones, sus personajes mundanos y el retrato paródico de sus vidas, y hasta a la comedia, con sus cómicos nombres y altisonantes títulos, como es el caso del Excelentísimo Señor Decano Don Celestino Cojondiellos. Personajes extravagantes, zarandeados por un destino no fácil en muchos casos, movidos por la ambición y el deseo.

A la postre, la obra es la fina ironía sobre un mundo con sus personajes de carne y hueso, sus vicios, sus pasiones, sus corruptelas, sus delitos… Asistimos a un desfile de personajes variopintos: jueces, pasantes, abogados, decanos, profesores, subalternos. Un mundo, que a veces parece intemporal, como lo son las propias pasiones humanas, pero en otras es descarnadamente próximo e identificable, como el magistral relato de El extraño caso de don Rufo, historia de don Rufo Lesmes, profesor de derecho, desaparecido y presuntamente convertido en perro, que nos adentra en las miserias del mundo universitario y ofrece el relato jovial de una nueva Vetusta, con unos personajes que nada tienen que ver con el universo clariniano. Ahora, a pesar del tiempo transcurrido, en el último tercio del siglo XX, la acción apenas se ha trasladado unos cientos de metros, de la Catedral a las aulas de la Facultad de Derecho y las calles del Oviedo antiguo.

Los cinco relatos están narrados en un lenguaje próximo pero muy cuidado y variado, sumergiendo rápidamente al lector en su intriga, que lo atrapa y le impide interrumpir la lectura, arrancando en ocasiones la sonrisa y hasta la risa.

En efecto, con gran habilidad y maestría, Víctor se pasea por muy diversos estilos a la hora de escribir sus relatos, desde el seco estilo de las diligencias judiciales, hasta cartas de amor, logrando un resultado efectista por sus contraposiciones y jugando con la sorpresa del lector, como el final, inesperado, del relato de La pasante.

Al final, Víctor alcanza, como en los relatos de la Antigüedad, la apoteosis: ¡quién mejor para cerrar su libro que el Juez supremo, que nos juzga a todos, haciendo un guiño final a lo divino y a lo humano! Es el reconocimiento de la supremacía de la justicia, divina o humana, que gobierna nuestras vidas.

Mi enhorabuena por esta obra que, bajo la apariencia de un tema no transcendente y banal, aborda con desenvoltura una realidad que nos obliga a reflexionar.

 

 

Alfonso García Leal

Catedrático de Latín Vulgar y Medieval

Universidad de Oviedo

 

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